Siempre estamos esperando la llamada del cambio, para empezar a abrir el grifo de la vida, de la despreocupación; pero esa llamada a veces nunca llega y nos sentimos ya tan oxidados que no podemos abrir el grifo.

Vivimos en un borrador, esperando la llamada y cuando creemos que podemos empezar a pasarlo a limpio, ya no nos queda tiempo.