Es triste sentir como te apagas a los treinta y tres años, y darte cuenta que la enfermedad de la desilusión cada vez hace más estragos en lo más profundo; la factura de orange es testigo de conversaciones que se repiten una y otra vez, siempre desde la línea de partida, aunque exhausto de emprender muchas carreras sin llegar nunca a la meta.
El corazón se me endurece y hecho de menos, como tú, el abrirme en canal a la ilusión de lo imposible.
Los veinte y tantos ya no son los treinte y tantos, como me dices, pero sigo en el mercao, vociferando con un producto que nadie compra y del que necesito empezar a dar pases vips, porque mi alma ya no se puede permitir el lujo de la desilusión.

Después de las nubes siempre sale el sol...
Qué razón tienes!!! como a los treintas ves como se te escapa la vida sin ser capaz de cambiar el rumbo cuando estás perdido y lo único que te queda es llorar o abrirte en canal.....